POESÍAS DE VIDA - Día 3

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  DÍA 3 — FORMADOS CON PROPÓSITO   “ Tus manos me hicieron y me formaron .” — Job 10:8   En medio de uno de los discursos más dolorosos de todo el libro de Job aparece una imagen profundamente conmovedora. Job, quebrantado por el sufrimiento, mira hacia Dios y reconoce algo que no puede negar incluso en medio de la confusión: “ Tus manos me hicieron y me formaron .”   El lenguaje usado es profundamente íntimo y Job no habla de sí mismo como producto de fuerzas impersonales ni como resultado de casualidad biológica. Habla de las manos de Dios, la imagen evoca al alfarero trabajando cuidadosamente sobre su obra maestra. En hebreo, el verbo utilizado transmite la idea de moldear, dar forma con intención y cuidado.   La Escritura presenta constantemente al ser humano como alguien formado deliberadamente por Dios. No existe vida accidental delante del Creador. Incluso cuando una existencia humana nace en medio de circunstancias dolorosas, inesperadas o ...

 


Dios Restaura Corazones Rotos

"He aquí, yo hago nuevas todas las cosas." — Apocalipsis 21:5 (RVR1960)


Reflexión:

El dolor por un aborto es real. Puede ser silencioso, escondido entre actividades, sonrisas forzadas o años de religión. Pero Dios no lo ignora. Él no aparta la mirada de la herida; al contrario, se acerca con manos llenas de misericordia para sanar, no para condenar.

Muchas personas en nuestras iglesias viven atrapadas en el dolor del pasado. Algunas han participado directamente en un aborto, otras han guardado silencio cuando podían hablar. En ambos casos, la culpa pesa. Pero hay esperanza: el Dios de la vida es también el Dios de la restauración.

El mensaje del evangelio no termina con la cruz, sino con la resurrección. No basta con decir “el aborto es pecado”. También hay que decir: “Dios puede perdonarte y sanarte.”
Donde hubo muerte, Dios puede traer vida. Donde hubo pérdida, Él puede sembrar propósito. Donde hubo oscuridad, Él puede encender una luz.

La Iglesia necesita ser el lugar donde los corazones rotos se restauran, no se juzgan. No estamos llamados a ser jueces, sino embajadores de reconciliación. La gracia de Dios es mayor que cualquier error humano.


Desafío pastoral:

¿Estamos predicando una gracia lo suficientemente profunda como para abrazar a quien ha abortado?
¿Estamos ofreciendo ministerios de restauración, no solo mensajes de advertencia?

Sanar no borra el pasado, pero sí lo redime y trae libertad. La sangre del Señor Jesús no solo perdona: también restaura el corazón roto.


Oración final:

Padre, tú ves el corazón herido detrás de cada historia. Acércate hoy a los que necesitan tu sanidad. Danos compasión, sabiduría y gracia para acompañarles. Haz de tu Iglesia un lugar de restauración, que  donde otros señalan, que nosotros abracemos, donde otros callan, que nosotros ministremos esperanza. En el nombre de Jesús.
Amén.

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