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Poniéndolo todo junto: Una vida que da vida
Reflexión:
A lo largo de este camino hemos reconocido que defender la vida humana es mucho más que una postura: es un estilo de vida. Ser un Dador de Vida no se limita a los momentos públicos, sino que se forja en lo privado: en nuestras oraciones, decisiones, palabras, actitudes y prioridades diarias.
Hemos aprendido que:
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Cada ser humano tiene valor eterno porque porta la imagen de Dios.
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La vida no es un derecho, sino un regalo.
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El corazón del Padre se refleja en la compasión hacia los más vulnerables.
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La restauración es posible para quien ha sido herido por el aborto.
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Y que el Reino pertenece también a los niños, a los olvidados, a los no nacidos.
Ahora, es momento de unir todas esas verdades y hacerlas parte de nuestra misión como Iglesia: predicar, servir, restaurar, abrazar, formar y alumbrar con la luz de Cristo.
Ser un Dador de Vida es decidir todos los días actuar en favor de la vida desde la raíz del evangelio: con gracia y verdad. Es ser un canal por el que fluya el amor de Dios hacia quienes están atrapados en una cultura que degrada y descarta.
Desafío:
No lo hagas todo. Haz lo que el Espíritu te guía a hacer. Pero hazlo con todo tu corazón, en el nombre del Señor Jesús.
Oración final:
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